Creo en el amor
Anotar en páginas sin márgenes, con la punta de un lápiz delicado, líneas sugeridas por la emoción de recordarte.
Mirarlas con ternura, explorarlas con los ojos del niño que llevo dentro; son fragmentos de un mundo joven que ya no existe. Y de una época lejana, y de una infancia fragante a primavera, con sonrisas ingenuas, con el encanto del primer amor.
Aún recuerdo aquella vida mía, elemental y primitiva, capturada en los objetos que aún conservo, en las imágenes, intactas y siempre listas para inspirar con inagotable fecundidad mi poesía, la ternura que reside en mí.
Hoy siento una gran tristeza al recordar mi juventud, lejana y dulce, en aquellos versos garabateados a lápiz en un cuaderno de entonces, ¡y encuentro los rasgos familiares de una felicidad humilde y sincera!
Esta magia sucede cada día, es como una pesca milagrosa en otra dimensión. Estoy aquí, en otro lugar, en un mundo desconocido que se opone a mi implacable escrutinio, mientras mi miserable y distante felicidad se revela.
Quizás sea porque soy una superviviente de otro planeta, ahora demasiado lejano… así que los mares rugientes y las aguas cristalinas de manantial, los árboles y los prados floridos, el aroma del heno y las golondrinas con sus vuelos rasantes, la luna sobre el mar y la temblorosa estrella vespertina que invita al ruiseñor a cantar, ¿dónde estoy?
Dejé la pluma estilográfica, con la intención, incluso la esperanza, de continuar cuando la ciudad se duerma y cese todo ruido, pero tras mi intención y esperanza, tras mi irrefrenable deseo por la historia de amor, hay una razón.
El tiempo es así, se me presenta como una preocupación, una inquietud que mata lentamente.
Hablamos del alma, el alma que no tolera lo inteligible en su interior, desvaneciéndose lentamente en la nada. La atmósfera de la vida alguna vez fue alegre.
El tiempo, en un instante imperceptible, recupera su esencia, convirtiéndose en un discurso sobre sí mismo y la identidad que porta un pasado casi siempre transfigurado. Por eso es tan complicado escribir sobre lo que fue. La memoria adopta la forma de una narrativa de la que a menudo no sabemos nada; solo sentimos el impulso de aferrarnos a ella, pero la única acción que realmente podemos emprender es volver a empezar, quizá… soñar.
Una fuerza misteriosa nos empuja a romper las fronteras de algo que tal vez no existe. En realidad, la memoria vaga en la infinitud del alma, sobre todo, toma su propia forma y, como un poema, regresa al corazón.
Casi parece como si nuestro papel en este mundo azul fuera transcribir el amor y la poesía, superando límites… pero delimitar todo hacia afuera hace que todo sea infinito hacia adentro, ¡una infinitud que necesita sonrisas y amor!
¡Por eso creo en el Amor!
Que cada instante, desde cada presente, se convierte en un portal a otras dimensiones.
