Princesa, la embriaguez que persiste
Princesa, pienso en ti como se piensa en el vino cuando aún no es de noche y mi corazón ya está caliente.
Tu cabello es rojo oscuro, como el mosto que nace vivo, como un color que no pide permiso y permanece en tus ojos.
Eres libre, y tu libertad no duele: enseña.
Amas sin cadenas, entregando tu corazón con la bondad de quien no promete, pero es fiel.
Te amé así, en silencio, como se ama lo que no se puede contener, como el lento aliento de una copa antes del primer sorbo.
Hay espuma de mosto en ti, esa dulce anticipación que fermenta lentamente y nunca se convierte en vino borracho, pero permanece como un aroma, un recuerdo, una embriaguez.
Nunca serás mía, y aun así permaneciste.
En el rojo intenso de los recuerdos, en el latido que no olvida, en cada noche que sabe a dulce nostalgia. Princesa, eres el amor que no se materializa
pero vive, como el mejor vino: no se posee, se respira.
Y yo, incluso sin tocarte, seguía un poco ebrio de ti.
Marcus Sub Rosa
