Viagiantes
Del verbo «soñar» para designar a quienes no se conforman con la vida cotidiana, con toda su carga de cosas más o menos útiles, más o menos cuestionables, sino que consideran cada aspecto de la vida, deseando profundizar y comprenderse a sí mismos, al mundo y las relaciones entre ellos y el mundo.
Esa búsqueda que ya es en sí misma un «sueño», como decía San Agustín; esa búsqueda que es esencialmente vivir en el espíritu.
Vivir un sueño.
¿Quiénes son estos soñadores? Ciertamente no son personas comunes; son personas inquietas con necesidad de poesía, fantasía… una necesidad de volar.
Personas que buscan la vida en un sueño y, por lo tanto, también mueren por ello.
Son personas que buscan la verdad de la vida, una verdad que les permita anclarse en la poesía universal y la serenidad de la vida y del mundo en el que suelen vivir, y esto ciertamente no es esto.
Usando el título «Viagiantes», se podría decir que «encontrarse a uno mismo» es la constante de estos personajes: alcanzar esa autoconciencia que permite a la personalidad realizarse plenamente y luego vivir el sueño, y en ese sueño los días, los años… esos años que suelen desperdiciarse en la banalidad cotidiana de una existencia ordinaria y miserable.
En este mundo moderno de predicadores, anacoretas, monjes, mendigos, ayunadores, catastrofistas, todos cuestionan, atormentan y sublevan todos los sentidos. Una falla en este sistema se instala y nos quita la serenidad de la vida, pero el amor que conquista viene en nuestra ayuda, ese amor que nace de la poesía; ahí reside la salvación.
Los únicos intermediarios entre el hombre y Dios a través de un sueño o un Pegaso, el intrincado ritual de los sueños, la magia que solo ellos conocen, los mapas secretos para llegar al alma, ¡un texto sagrado que solo ellos entienden!
¡Soñando!
