Solo el amor y la cultura pueden salvarnos.

«Para que nunca olviden
lo hermoso que hubiera sido si
ese «gran sueño» de una humanidad
a la deriva se hubiera hecho realidad. Ese sueño que la veía feliz
sin diferencias raciales ni religiosas.
Una humanidad con futuro.
Un futuro que nos espera, si tan solo hubiera, para nosotros,
un mañana, un amigo, una madre, un padre,
una hermana, «alguien» capaz de acogernos
y abrazarnos, que nos llame por nuestro verdadero nombre: ¡hermano, hermana! Y para encontrar juntos un nuevo camino hacia la paz,
imagínenlo, invéntenlo, y descansen en este pensamiento
y dejémonos llevar por la misma ligereza de una sola palabra:
¡Paz!
Esto sí que sería maravilloso. La vida sería dulce,
cualquier vida.
Y las cosas no dolerían, sino que nos serían dadas,
traídas por el sueño de la vida. Podrían tocarlas, luego tocarlas
y finalmente ser Abrazados, para ser amados.
Para esto, ser heridos, incluso morir. ¡No importa!
Pero todo sería finalmente humano.
Solo se necesitaría la imaginación de alguien, alguien, un padre, un amor, alguien capaz.

Sabría inventar un camino, aquí, en medio de este silencio, en esta tierra desgarrada, que ya no quiere hablarnos.
Un camino misericordioso, dulce, sereno.
¡Un camino de aquí al corazón!
Vincenzo Calafiore

El grave aumento de los más diversos fenómenos de violencia es fruto de una enfermedad moral que nos afecta cada vez más desde hace mucho tiempo.
El cinismo y la falta de escrúpulos cada vez mayores, el pragmatismo sin principios, la falta de ideales y valores éticos, la creencia en la nada, el refugio ilusorio en las cosas vanas, en las drogas, son las premisas frecuentes de la violencia que crece en diversas formas, alcanzando cada vez más el exceso. Sin embargo, estas formas se expresan constantemente en el desprecio por los valores humanos ajenos, en la subestimación de todo principio moral, en la falta de respeto a los desconocidos, en la propia violencia verbal, por no mencionar la violencia cotidiana contra las mujeres, y en una falta de respeto cada vez menor por las normas y por los demás.
La degradación de valores ha aumentado significativamente.
Sin ideales, sin amistad, afecto ni amor, la enfermedad moral crece, provocando superficialidad, cinismo y violencia, que no se combaten lo suficiente.
Para vencer esta enfermedad moral, las leyes por sí solas no bastan, y no se necesitan otras, especialmente cuando se aplican de forma deficiente, cuando no hay certeza sobre la ley y el castigo.
Lo que falta, ante todo, es la cultura y el espíritu de respeto por las normas y los valores humanos y morales.
Debemos ser conscientes de esta terrible espiral para abordarla de verdad, no solo con palabras vacías.
Debemos reconstruir una profunda conciencia de la responsabilidad y de los deberes y obligaciones inseparables de cada individuo.
El amor y el respeto son esenciales. Sin estas premisas, la enfermedad moral que padecemos sólo se propagará aún más, como una herida infectada.