Pertenecer a dos mundos: veinticuatro autores narran su experiencia migratoria

por Anna Foschi Ciampolini *

El creciente flujo migratorio ha creado una diáspora en continuo movimiento, ha abierto un diálogo entre culturas y países distantes entre sí y ha cambiado el curso de la existencia de millones de personas. Una antología recientemente publicada se propone dar espacio a las vivencias y a la experiencia migratoria de 24 autores de diferentes orígenes y generaciones. Tras el éxito de “Y había geranios rojos por todas partes”, el primer volumen dedicado al mismo tema, Valentina Di Cesare y Michela Valmori han publicado un segundo volumen titulado “Océanos en el espejo” (Radici Edizioni, 2026), que forma parte de la colección “Strade Dorate”, lanzada y dirigida por ellas mismas.

Michela Valmori tiene tres licenciaturas en literatura obtenidas en Bolonia y Siena, un doctorado conseguido en la Birkbeck University de Londres, y es estudiosa de la producción cultural y literaria de la diáspora italiana en los Estados Unidos. Actualmente vive en Vancouver, Canadá, donde ocupa el cargo de Visiting Lecturer en el Departamento de Italiano de la University of British Columbia.

Valentina Di Cesare es escritora y profesora de Letras, además de directora artística del Festival delle Narrazioni de Sulmona.

Las narraciones de vida recogidas en el volumen representan el viaje migratorio en distintas direcciones y cuentan las experiencias de quienes dejaron Italia en busca de oportunidades diferentes y mejores, y de quienes, en cambio, llegaron a ella, a menudo debido a condiciones adversas de vida en su propio país; de hecho, como se afirma en el volumen:

“En el diálogo entre quien se va y quien llega se entrelazan las múltiples formas de pertenencia, las fracturas de la identidad y las infinitas combinaciones que definen sus recorridos.”

Tuve la oportunidad de colaborar con Michela Valmori en años pasados y de admirar su profesionalidad, y fue por ello con verdadera alegría que acepté contar un poco de mi historia personal de inmigración. Pensaba que para mí sería una forma de liberación de mi pasado, una catarsis, y en cierto modo lo fue; pero también sacó a la superficie emociones y fracturas que los años habían ocultado y adormecido, aunque no borrado. Fue así un nuevo viaje del alma que afrontar, una última reflexión sobre una decisión tomada hace tantos años y que cambió profundamente el curso de mi existencia. Sin embargo, como quizá les haya ocurrido también a otros autores que contribuyeron a la antología, recorrer nuevamente aspectos de mi experiencia migratoria contribuyó a fortalecer esa forma de equilibrio y de pacificación interior que he alcanzado con esfuerzo a lo largo de todos estos años.

¿Lo volvería a hacer? ¿Volvería a subir, como hace tantos años, a aquel avión rumbo a Vancouver dejando atrás mi vida anterior, mi entorno, mi amada ciudad? Sí, lo volvería a hacer. Como digo en el título de mi memoria publicada en esta hermosa antología: “Nací en dos ciudades”; y si Florencia, mi ciudad natal, vive siempre en mi corazón, Vancouver es el lugar que me abrió nuevas perspectivas. Sin duda me hizo pagar un precio muy alto, pero alimentó y permitió la realización de mis aspiraciones profesionales y la expresión más auténtica de mí misma y de mi recorrido vital.

* Recibimos y publicamos