“Me haces falta, Corrado” – la carta de Gianni Firera

Publicamos íntegramente la carta de Gianni Firera, enviada a Corrado, en la que el autor relata recuerdos, emociones y la importancia de una amistad de veinte años.

Querido Corrado,
escribirte hoy es un acto que nace de la necesidad. No es solo memoria, no es solo nostalgia: es el profundo deseo de continuar un diálogo que durante veinte años nunca se ha interrumpido. Y que ahora, de repente, debe encontrar otra forma.

Nuestra historia no comenzó con un cargo o una posición asociativa. Comenzó mucho antes, en reconocernos. En comprender que teníamos la misma mirada sobre las cosas, la misma inquietud intelectual, la misma idea exigente de Cultura – escrita siempre con mayúscula no por capricho, sino por respeto.

Recuerdo las primeras conversaciones, cuando hablábamos no solo de libros, sino del sentido de los libros. No solo de autores, sino de lo que esos autores todavía podían decir a nuestra sociedad. En esos diálogos ya estaba todo: Sicilia, nuestra tierra, sus contradicciones, sus grandezas, sus heridas. Y sobre todo estaba él, Vitaliano Brancati, que nunca fue solo un escritor a celebrar, sino una conciencia crítica para custodiar.

Cuando decidimos fundar la Asociación dedicada a él, no estábamos creando un contenedor cultural. Estábamos asumiendo una responsabilidad. Yo como presidente de la Asociación, tú como presidente del Premio Vitaliano Brancati: dos roles distintos, pero un único horizonte moral. Queríamos que el pensamiento de Brancati no se convirtiera en polvo en los estantes, sino en voz viva, capaz de interrogar el presente.

En estos veinte años hemos atravesado diferentes etapas de nuestra vida. Hemos compartido entusiasmos y desilusiones, éxitos y momentos de esfuerzo. Hemos discutido largo tiempo –a veces acaloradamente– pero siempre con la lealtad de quien sabe que el debate es una forma elevada de amistad. Las largas tardes de verano, las reuniones interminables, las llamadas inesperadas por una idea de último momento: todo esto no era solo trabajo cultural. Era nuestra vida entrelazada.

Tenías una cualidad rara: sabías medir las cosas. Cuando yo me dejaba arrastrar por el impulso, tú llevabas el discurso a la sustancia. Cuando el contexto parecía volverse confuso o ruidoso, tú encontrabas la palabra clara. Eras sabio, pero no distante. Culto, pero nunca complacido. Irónico, pero nunca superficial. Tu cultura estaba encarnada, vivida, respirada.

Extraño nuestro intercambio diario. Extraño saber que podía llamarte y hablar de todo y de nada, seguro de que al otro lado encontraría a ti, listo para escuchar antes incluso de responder. Extraño tu capacidad de llenar esos espacios vacíos que inevitablemente se crean en la vida de cada uno. Espacios que tú sabías habitar con discreción y profundidad.

Mirando las fotografías de estos años –los congresos, las premiaciones, las sonrisas compartidas– veo mucho más que eventos públicos. Veo un camino humano. Veo a dos hombres que creyeron que la cultura no era un adorno, sino una forma de compromiso cívico. Que era una manera de permanecer fieles a sí mismos y a su comunidad.

Hoy siento tu ausencia como se siente la ausencia de una voz familiar en una habitación repentinamente silenciosa. Pero también siento la fuerza de lo que hemos construido juntos. Y sé que cada vez que hablaré de Brancati, cada vez que defenderé esa idea alta y rigurosa de Cultura que nos unió, tú estarás allí, dentro de esas palabras.

Nuestra historia no se cierra con tu partida. Cambia de forma. Se convierte en memoria, responsabilidad, testimonio.

Me haces falta, Corrado. Me hace falta el amigo. Me hace falta el compañero de viaje.

Pero continúo caminando también por ti.

Con profundo afecto,
Gianni