«Miles Davis: 100 años desde su nacimiento», el libro de Francesco Cataldo Verrina. Entrevista al autor
Al leer el libro, tuve la sensación de que Francesco no quería solo celebrar un centenario, sino “liberar” a Miles de las etiquetas que él mismo, irónicamente, se divirtió sembrando.
// por Irma Sanders //
Hace unas dos semanas regresé a Alemania después de unas vacaciones regeneradoras entre los colores y el calor de España. Esperándome, entre el correo y los paquetes acumulados durante mi ausencia, había un volumen que captó de inmediato mi atención: el nuevo libro de mi amigo Francesco Cataldo Verrina, «Miles Davis: 100 años desde su nacimiento». Conociendo la profundidad de la investigación de Francesco, no pude resistirme: lo devoré con avidez, perdiéndome entre sus páginas mientras afuera el cielo alemán recuperaba sus tonos grises.
También en esta ocasión debo decir que Francesco ha dado plenamente en el blanco. Ha logrado disipar esa “niebla” crítica que a menudo envuelve la discografía de Miles, ofreciendo por momentos un análisis musicológico tan preciso como comprensible, capaz de hablar tanto al coleccionista como al neófito. Pero lo que más me impresionó fue el valor de desmontar ciertos prejuicios. Francesco abre espacios de reflexión sobre cuán a menudo se ha evaluado erróneamente la figura de Miles Davis, demasiado frecuentemente juzgado —y a veces condenado— por las asperezas de su carácter, por sus silencios o por su arrogancia exhibida, terminando por oscurecer la verdad absoluta de su música.
Al leer el libro, tuve la sensación de que Francesco no quería solo celebrar un centenario, sino “liberar” a Miles de las etiquetas que él mismo, con ironía, se divirtió en esparcir. Impulsada por estas reflexiones, decidí contactarlo para profundizar en algunos puntos clave del volumen. De ello nació una conversación fluida, casi un viaje en el tiempo, que les presento a continuación.
P. El volumen analiza a Miles Davis en el centenario de su nacimiento. ¿Por qué sigue siendo necesario hoy encuadrar su figura?
R. Porque Miles Davis encarna la idea misma del jazz en el imaginario colectivo. Más que un músico, parece un libro nunca terminado, capaz de adaptarse a cada época sin sufrir el peso de los años. El objetivo del libro es desmontar la narrativa superficial para analizar su genialidad a través de la discografía esencial.
P. En el texto se habla de un perfil somato-psicológico de Davis. ¿De qué manera su postura influía en el sonido?
R. La espalda encorvada y la trompeta apuntando hacia abajo no eran simples gestos estéticos, sino que indicaban un repliegue hacia el interior. Miles no proyectaba las notas, sino que las retenía a su alrededor, buscando un principio germinativo profundo, casi como si quisiera descubrir el sonido dentro de su propio cuerpo de atleta.
P. ¿Qué importancia tuvo el contexto familiar de East St. Louis en su formación?
R. Fundamental. Davis provenía de la burguesía negra (padre dentista, madre violinista). Ese bienestar económico, unido al inevitable racismo estadounidense, creó una paradoja social que alimentó su impulso hacia el cambio y la búsqueda de formas expresivas inéditas.
P. Usted define a Miles como el Ave Fénix del jazz. ¿Cuáles fueron sus cambios inducidos?
R. Davis tuvo la capacidad única de renacer de sus propias cenizas: fijó los puntos del Cool Jazz, estructuró el Jazz Modal y electrificó el género con la Fusión. No solo siguió los tiempos, muchas veces provocó el cambio en el mercado discográfico.
P. Stanley Crouch definió el giro eléctrico de Miles como un acto de autolesión. ¿Qué responde su libro a esta crítica?
R. El libro destaca que a Davis no le importaba el juicio de los críticos. Lo suyo era una urgencia creativa. Mientras Crouch veía una humillación comercial, músicos como Buckmaster percibían la música del futuro. Davis era un artista granítico, capaz de ignorar los abucheos del público.
P. «Kind of Blue» (1959) suele ser una trampa para los neófitos. ¿Por qué?
R. Porque muchos no logran ir más allá de esa sensación de extravío y suspensión hipnótica producida por lo modal. El libro aclara que la modalidad para Davis no era un ejercicio de virtuosismo técnico, sino un instrumento para adquirir libertad frente a las ataduras armónicas tradicionales.
P. ¿Qué vínculo existe entre la música de Davis y la pintura de Claude Monet?
R. Ambos comparten la búsqueda del instante como totalidad. Monet trabajaba la vibración cromática y la disolución de las formas; Davis actuaba sobre el sonido con la sordina para crear veladuras que no describen, sino que sugieren, rechazando la definición nítida.
P. ¿Cómo influyó la operación de las cuerdas vocales en 1957 en su estética instrumental?
R. La voz de Davis se volvió ronca y corrosiva. Esa nebulosidad física se reflejó perfectamente en su lirismo instrumental a partir de 1958: un aura sonora enrarecida, como si del pabellón de la trompeta saliera una ligera niebla.
P. ¿Por qué la relación con Bill Evans es considerada el núcleo fecundo de «Kind of Blue»?
R. Porque Evans aportó al sexteto una sensibilidad culta e impresionista. La sintonía entre ambos permitió explorar un lenguaje esencial en las estructuras armónicas pero profundamente introspectivo en la melodía, influido por Debussy y Ravel.
P. En 1970 se publica «Bitches Brew». ¿Cuál es su relevancia política?
R. Miles era un artista negro militante pero autónomo. Su música eléctrica fue una declaración de intenciones política: un conglomerado sonoro mestizo que canalizaba la inquietud racial de James Brown y la tribalidad de Sly Stone, desafiando las lógicas de las grandes discográficas.
P. ¿Cuál fue el papel de Teo Macero en la evolución del sonido davisiano?
R. Macero convirtió el estudio en un instrumento. Mediante loops, ataques retardados y cámaras de reverberación, trató el sonido de Davis como materia plástica, rompiendo definitivamente con la idea del jazz como simple documentación de una actuación en vivo.
P. ¿Qué emerge del contraste entre Miles Davis y el entorno cultural europeo?
R. Davis reconocía en Europa una superioridad cultural. En Francia se sentía un artista respetado, no un mero “producto” comercial. Esa gratitud hacia el viejo continente influyó en su producción en directo, como en el célebre concierto de Antibes en 1963.
P. ¿En qué se diferencia el jazz modal de Davis de las experimentaciones de Coltrane o Brubeck?
R. Aunque otros ya exploraban esas direcciones, el álbum de Davis asumió el papel de eje central. Su fuerza residía en convertir la modalidad en un lenguaje universal, un punto de inflexión que influyó en la producción musical más allá de los límites del jazz.
P. ¿Por qué en el libro se define a Miles Davis como un “espejo cubierto de grasa”?
R. Es una metáfora de su inaprensibilidad crítica. Davis era un muro de goma sobre el que rebotaba cualquier comentario; un espejo al que los críticos intentaban aferrarse para analizar su alma, terminando inevitablemente por resbalar.
P. ¿Cuál es la herencia técnica del quinteto con Tony Williams descrita en el libro?
R. Williams, con solo 17 años, aportó una excitación rítmica febril que empujó a Davis a reconsiderar sus propios límites. Esa formación fue el laboratorio donde Miles comenzó a fragmentar los ritmos, preparando el terreno para el posterior giro eléctrico.
P. ¿Cómo se aborda el concepto de estudio de grabación como instrumento en la transición hacia la Fusión?
R. El libro explica que el estudio dejó de ser un lugar de captura para convertirse en un espacio de creación. Con «Bitches Brew», la posproducción pasó a ser parte integral de la composición, marcando el paso del jazz acústico a la estratificación sonora mestiza.
P. ¿Cuál es la diferencia sustancial entre «In a Silent Way» y «Bitches Brew» según su análisis?
R. El primero fue una revolución pacífica, fluida y meditativa. El segundo fue un acto de guerra estética: una tribu de iluminados desgarrando el tejido del bop acústico, sembrando minas anti-jazz que hicieron estallar cualquier vieja certeza.
P. ¿Por qué afirma que no existe un verdadero sucesor de «Bitches Brew»?
R. Porque aquel caos organizado fue irrepetible. A pesar de trabajos como «Live-Evil», la discografía de Davis nunca volvió a replicar esa fórmula exacta. Miles ya había seguido adelante, hacia nuevas destrucciones estéticas.
P. ¿Cómo influyó el pensamiento de Arnold Schönberg y Darius Milhaud en el mundo de Davis?
R. La presencia de estos compositores en Estados Unidos favoreció un diálogo entre el jazz y la música culta. Davis asimiló la superación de la tonalidad y las atmósferas del neoclasicismo, filtrándolas a través de su colaboración con arreglistas como Gil Evans.
P. En conclusión, ¿qué imagen de Miles Davis quiere devolver el libro al lector de 2026?
R. La de un artista proteico y visionario que encarnó el espíritu de cada década. Un hombre que sacrificó su estabilidad por un continuo chisporroteo creativo, permaneciendo, cien años después de su nacimiento, como la figura más icónica y compleja del jazz moderno.
